El futuro es como un cajón de cartón comprado en Ikea



La Nochevieja de hace diecinueve años.
Todos los cubatas imaginarios que me tomé.
Los zapatos que no me pongo aunque estén nuevos.
Mi anillo de plata roto por detrás.

Alguien me explicó la historia
De un pescador que se había disparado
Al corazón
Porque no había logrado
Alcanzar ni un solo pez
La mañana después de su boda.
Su esposa no lo soportó
Y se fue a pescar
Sola
Sin red, sin botas, sin barca.
Sin avisar a nadie.
La hijita no lo comprendió
Y se durmió llorando
Bajo las sábanas de su abuela.
Estaba sola
Sin comer, sin abrir la puerta, sin hablar.

A veces me miro en el espejo
-Como todos, como todas-
Y sigue pareciéndome un fraude
Lo de maquillarse las ojeras.
Después se me olvida cuando
Siento que respiro
Y que sé lavar ropa a mano.

El uno de enero subirán los transportes,
La luz, el tabaco y los unicornios.
Nos prohibirán estornudar
En los pasos de cebra
Y marcar números de teléfono
De ex amantes los lunes por la tarde.

El dos de enero
Volveremos a estar contentos
Sin motivo alguno
Y por todos los motivos imaginarios
De nuestra lista de deseos imaginarios
Que se incumplen de forma imaginaria.

El tres de enero una madre le confesará
A su hija
Que lo único que le importa es saberla feliz
Sin conocer cómos, ni cuándos, ni quiénes.

Intuyo que ese día del año
Ya estaré sentada
Mirando algún tejado
En reconstrucción
O buscando alguna pista
Que me salve el pecho
De toses invisibles.

Miro la foto que saqué
De la bandeja con cincuenta canelones
Que cocinó mi madre.
Odio fotografiar ciertas imágenes
Pero a veces me supera la parte
Extraña y perfecta
Y entonces sólo puedo beberme dos vasos
De agua seguidos
Y reírme de mis tonterías.


War is over if you want it.

Despedir el año de manera dulce en lugar de a balazos



La canción es porque adoro a los Housemartins y creo que este tema expresa lo que ahora mismo siento pero no sé poner por escrito.

Sería algo así como la voluntad de que en este 2011 pueda hacer las cosas a capella, sin adornos innecesarios, sin fachadas, con sinceridad y con buenos deseos. No sé, una vez más escribo en directo así que no repaso lo que tecleo.

Por un 2011 a capella ;)

Fue aquella gitana que nos leyó el porvenir, dijo "uno es el asesino y el otro el que va a morir"



—¿Te echo las cartas, guapa?

Me lo dice una gitanilla que no debe de tener más de diecisiete años. Su amiguilla paya está sentada al lado de ella, escribiendo mensajes en el móvil.

Le sonrío desde lejos y niego con la cabeza sin dejar de caminar.

No quiero que me tiren las cartas, ni que me lean la palma de la mano, ni mirar predicciones para el 2011 en YouTube.

Lo que tenga que suceder, sucederá.

Suicidasbook



El miércoles 13 de septiembre de 1995 comencé un proyecto en una libreta forrada de terciopelo naranja. Escrita con tinta negra, completada con fotos de diario pegadas en las hojas, llena de recortes de revistas y de páginas de libreta repletas de notas.

En una de las notas escribí esto acerca de Kostas Karyotakis (probablemente, lo copié de algún diario de aquella época, recordemos que no disponíamos de Internet):

En Preveza –región campestre- se arroja al Mediterráneo. Tras horas, su cuerpo vuelve a tierra con vida. Se va a casa, descansa, desayuna, viste su mejor traje y compra una pistola. Se va a la terraza de un bar – “El Jardín Celestial”-, toma café y fuma un cigarrillo tras otro. Escribe una nota que le encontrarán en un bolsillo:

“Aconsejo a cuantos sepan nadar que no intenten jamás suicidarse tirándose al mar. Durante diez horas me estuve peleando con las olas. Tragué una enormidad de agua y, sin saber cómo, de vez en cuando subía a la superficie. Seguramente alguna vez, cuando tenga oportunidad, escribiré las impresiones de un ahogado.”

Hacia las cinco de la tarde, tras dar un paseo por la playa, se tiende al pie de un eucalipto y se dispara al corazón. Con treinta y un años.


Nos place anunciar el nacimiento de una página más de Facebook:

Sucidasbook

Y de su correspondiente banda sonora:

Suicidasbookmusic


Esperamos que os guste.

Ya te echo de menos (post en directo vía móvil)

No soy la del anuncio de Dior,
No tengo brazos atléticos
De cuarentona repelá
Ni me quedo sola
En la pista de baile.

Esta noche
Me he pintarrajeado como
Una puerta que se abre
Para que entre el aire fresco.

Menudo poemilla,
Mi amor.
Menudas palabras te envío
Para que a 22 km sonrías
Y me veas en las palmas
De tus manos.

Enorme el silencio
Sin ti,
Novia morena,
Que tanto te extraño ya
Que me dedico
A escabullirme
De mi trono de reina.

Quiero volver a casa
Y que nos besemos
Como dos salvajes
Sin domesticar.

(Poemilla muy malo pero escrito con muy buena intención. Es lo que pasa cuando tienes un rato libre y piensas...)

Catálogo de novias imaginarias (parte II)



Nos conocimos en clase de latín. Ella vestía siempre de negro y era pelirroja. Me dio un único beso después del examen de recuperación, era la última convocatoria.

Yo aprobé pero ella suspendió. A partir de ese día se dedicó a tontear con todos los chicos de la Facultad delante de mis propias narices.

La última vez que la vi salía por la tele, en un anuncio de ensaladas.

Mañana es Nochebuena, aunque aquí en Catalunya no exista



Esta mañana he recibido una carta —sí, los detectives tenemos la suerte de recibir cartas de las que se envían con sello y sobre— en la que una tal Sofía H. me preguntaba acerca del significado de la expresión dar sentencia de cruz. Por lo visto, ha encontrado la frase en una carta que le ha descubierto a su marido en el bolsillo de la americana (anda que no es típica esta escena). Escrita a mano con tinta verde. Una mujer, seguro.

Me he puesto a investigar en seguida y sólo he podido seguir la pista de la copla que, por cierto, tanto me llega:

¿Por que yo tengo la corazoná
de que vas a darme sentencia de cruz?


Asimismo, en la cronología del Jueves Santo y Viernes Santo también aparece el concepto:

Sentencia final, Ecce homo, nuevo interrogatorio secreto, Ecce Rex vester, Pilato se lava las manos, sentencia de cruz, vía dolorosa, el cireneo, las hijas de Jerusalén.

………………………………………………

Poco que investigar cuando faltan datos. No obstante, voy a escribirle una carta a Sofía H. y le voy a contar mi teoría acerca de la expresión: la zorra que ama a su marido lo va a dejar así que podrá alegrarse.

Catálogo de novias imaginarias (parte I)



Poseía la guitarra más nerviosa de toda la ciudad. Era rubia y tenía los ojos blindados a otras rubias así que yo, teñida de castaña por aquella época, pude acercarme a sus pestañas sin mucha dificultad.

Su sms de las 23:59 h del 2 de noviembre de 2005 fue decisivo: no tardes, te estoy esperando fuera y me estoy helando.

A partir de ahí la velocidad media de mensajes fue de uno cada cuarto de hora, las veinticuatro horas del día. Cinco meses que tuvieron la intensidad de cinco años.

Evidentemente, me vi forzada a hacer horas extra para poder pagar las facturas del móvil.

Yo trabajaba de dependienta en un lugar del que apenas me acuerdo ahora.

Pequeño poemilla en directo para ser leído en cuarenta y cinco segundos

Y qué si me gusta Moulin Rouge
Como a una bandida los trabucos.
Y qué si dejo de fumar cada dos por tres
Mientras camino hacia el estanco.

Fui al Zara y salí
Con uno de esos pantalones deportivos
De estar por casa.
Los acabo de estrenar y
Parezco una capulla con ellos.

Llorar mientras suena
C… w… m…
Es tal vez de cobardes
Pero prefiero eso
A escupirme en las manos
Antes de golpear el techo.

Ya no soy la chica
De los ojos de canica.
Soy algo peor,
Algo mejor.
Soy.

Me arrepiento de muchas listas
Siempre que termina el año,
Me borro de algunas fotos
En las que el paisaje
Me supera.

Los bolígrafos existen
Para ser gastados
No para que se te sequen
En el bolso y en las ideas
Que olvidas.

Joder, que este año
No vuelva a tropezar conmigo misma
Y que ninguna moto en ninguna isla
Nos impida
Desperdiciar ni un solo día de sol.

¿Dónde está el doctor Mierzwiak?

Han cerrado el bar donde solíamos
Cenar bocatas los viernes por la noche.
Nos hemos quedado como huérfanos
De pan y lomo con pimientos.

Sigo sin saber francés
Así que no puedo comprender
Ni un verso de las canciones que te gustaban.

Ya me pasó una vez
Y no quise pintarme las uñas
Para no destacar demasiado.
Era octubre,
Hacía calor,
Ni siquiera me quité las botas
Para llegar a lo más alto.

Un coche más un abrigo
Era igual a un refugio.
Un cedé prestado menos un mensaje de móvil
Era igual a un dolor en los ojos.

Los conflictos,
Las madrugadas de engaños,
Las nochebuenas en un local húmedo y vacío,
Mis pantalones cayendo
Y una boca.

Las bandas sonoras descartadas
Cuando me despertaba cada dos horas
Cada noche de cada día
De cada mes de ese año.

Y al fin,
Comprender que lo perdí todo
Por guardar silencio.

¿Quién eras?

"Se cayeron las estatuas/al abrirse la gran puerta" me parece uno de los versos más enigmáticos que he leído en mi vida



No solloces. Silencio,
que no nos sientan.


(El post lo he redactado así, a lo bruto, en diez minutos, pero es que tenía que ser hoy. Se lo debo, gracias a este disco existen muchos de los posts de este blog, así que ha sido una gran inspiración).

Es uno de los mejores discos que he tenido en mis manos. Creo que es del 96 o del 97, no lo recuerdo bien pero es de esos discos de milagro: todas las canciones son buenas.

Es cósmico, es brutal, es desgarrado, es de lágrima, es granaíno, es flamenco, es psicodelia... es todo y más. Es un disco tan moderno que incluso ahora, en el 2010, me parece del futuro, de otro espacio, de otros seres. Yo no soy crítica musical así que lo único que se me ocurre es decir que a mí se me pone la piel de gallina al escuchar el primer tema, Omega (poema para los muertos).

Joder, es que es tan bueno... que se me encoge el corazón. Si alguien no lo conoce, por favor, que se lo ponga y lo escuche a solas, sin nadie a su lado, y a medio oscuras.

Tremendo.

Por favor, conocedlo, recuperadlo, compartidlo, estrujadlo y lloradlo. Omega está en Spotify, razón de más.

Lorca lo escribió, Morente y Lagartija Nick (genios ambos) hicieron el resto:

Como la noche es interminable
cuando se apoya en los enfermos
si cada aldea tuviera una sirena
mi corazón tendría
la forma de un zapato
Aqueos los golpes
aqueos por Dios
que se le arrancan de fatiga
las alas a mi corazón.
Las hierbas.


Yo me cortaré la mano derecha.
Espera.
Las hierbas.
Tengo un guante de mercurio
y otro de seda.
Espera.
¡Las hierbas!

No solloces. Silencio,
que no nos sientan.
Espera.
¡Las hierbas!
Se cayeron las estatuas
al abrirse la gran puerta
¡¡Las hierbaaas!!


Tú vienes vendiendo flores,
las tuyas son amarillas,
las mías de tos colores.

Ella hacía pesas; yo, me limito a los pasos



Hace varios días que me molesta el ojo izquierdo. Es esa sensación de cuando se te mete una pestaña y la sientes ahí, incomodándote todo el rato.

Pero en mi ojo no hay nada. Sólo venillas y miopía de cuando era una cría, que se quedó conmigo para siempre.

Sigo.

El inventario del día de hoy me parece fantástico:

1. Despertarse.
2. Retozar en la cama en plan cachorro.
3. Desayunar.
4. Comprar comida.
5. Cocinar la comida que se ha comprado.
6. Poner una lavadora de ropa negra.
7. Practicar Taekwondo.
8. Poner una secadora.
9. [Privado, ♦♦]
10. Preparar la cena.
11. Ver una peli.
12. Escribir este post.
13. Tomar un par de chupitos de Baileys y un piti.
14. Lavarme los dientes.

Omito muchas acciones porque son poco relevantes y porque las elipsis son necesarias tanto en la escritura, como en el cine, como en los sábados.

La vida, sin elipsis, sería insoportable.

Esta noche he descubierto que en las cadenas de televisión locales –sí, esas pequeñitas que siempre te preguntas si alguien realmente les presta atención- ponen películas muy buenas. Y sin publicidad, que prepararte la cena se convierte en una frenética carrera comedor-cocina con todos los cachivaches necesarios.

Sigo con la pestaña imaginaria en el ojo. A veces hay cosas que nos inquietan a pesar de que son invisibles.

Se reedita "De otro planeta", la primera antología de blogs española



¿De otro planeta?. Miradas cotidianas desde el Universo Blog fue el primer libro colectivo de blogs publicado en España, en abril de 2006, y reunió extractos de 34 blogs escritos por lesbianas entre 2003 y 2006. Por aquel entonces, supuso una pequeña revolución de lo que se empezaba a llamar la “bollosfera”, al mismo tiempo que trascendió más allá del ambiente y llegó incluso a ser presentado en la Fnac Callao de Madrid junto a la premio Pulitzer Maureen Dowd.

(Extracto del blog de la editora, Nuria Rita Sebastián)

Motivos para comprar el libro o hacer un donativo:

1. Que es divertido.
2. Que está escrito por autoras que son chicas como tú, como yo o como la vecina de al lado.
3. Que su editora se dejó la piel para llevarlo adelante y no morir en el intento.
4. Que tú, lector/a, te puedes sentir identificado con las historias que allí se narran.


Pero el motivo más importante de todos, el fundamental es que:


Los beneficios del libro, tanto de la venta en papel, como de las donaciones voluntarias por la descarga digital, irán destinados en su totalidad al colectivo nicaragüense APADEIM (Asociación para el Desarrollo Integral de la Mujer), en Nicaragua.

Más información, por aquí:

Alfabetizada soy una mujer diferente, artículo por Nuria Rita Sebastián.

Artículo de la BBC sobre Mayela, la fundadora de Apadeim.


Si os interesa el asunto, id a la página de la editora y allí encontraréis las instrucciones para efectuar la compra:

Editora con carrito, blog de Nuria Rita Sebastián

Cansada de Carol Blenk, de sus metáforas locas y sus repeticiones constantes



Me repito. Lo sé. Lo asumo y me lo como mientras me enciendo el antepenúltimo pitillo de la noche. Clack. El encendedor plateado que se enciende como una pistola, sólo una vez de cada seis o siete.

Me voy a tomar unas vacaciones de ficción, no es nada raro, lo suelo hacer de vez en cuando porque si no... exploto y me asfixio conmigo misma. Con mis palabras y con las imágenes que me saltan en la palma de las manos como aquellas pulgas de mentirijilla que te vendían de pequeña en los kioskos. ¿Dónde están los kioskos de cuando éramos pequeños? Pero eso sería otro post y otra reflexión. Ahora no tengo tiempo porque escribo en directo, son las 22:58 y debería cenar de un momento a otro.

Ya volveré. En breve, o no. Desaparezco, mas no para siempre. Soy una adicta a esto y lo reconozco con la cabeza bien alta y los ojos -aún- limpios.

............................

Adoro el videoclip. Adoro la canción. Adoro el nombre del tipo que la canta. Os adoro por seguir aquí.


P.D: Ah, no olvidéis que hemos descubierto que Manolo García es hijo no reconocido de Peret y que hemos de difundir esta noticia. Más información en Facebook. Uníos a la causa, por favor.

"As the wind blows" es una de las mejores canciones que he escuchado en toda mi vida



He hallado un diario personal que empecé en 1992 y que di por acabado, de manera brusca y salvaje, en 1994. Abarca mi curso de COU y los inicios en la Facultad. Lo estoy releyendo, con una mezcla de miedo y de curiosidad. No recuerdo apenas nada de lo que escribí allí:

[…] este lunes nevó por primera vez en muchos años. Fue fantástico. Al salir de clase, la nieve lo cubría todo y me lo pasé genial, como una auténtica cría, pisando y cogiendo la nieve. El martes no había clase pero fui de todos modos a la universidad, que estaba casi vacía. Lo pasé bien, me encanta la nieve y en ningún momento sentí el frío.
Hoy he quedado a las ocho de la mañana con T. Hemos estado desayunando juntas y charlando de un montón de cosas. Me cae muy bien. He hecho campana –una vez más- de Latín. He llegado a casa antes de las dos y, sobre las 17:30 h, he ido a tomar algo. He estado con C. un cuarto de hora más o menos y después he quedado allí con A. y L. Después he vuelto a casa con A. y nos hemos hecho un agujero en la oreja izquierda, para llevar otro pendiente. Nos ha quedado muy chulo. Es curioso, aquí acabo de escribir ese tipo de cosas que, generalmente, se suelen escribir en un diario. Bueno, pues éstas son las cosas que yo nunca escribo. No dejan de ser interesantes pero son cotidianas y, por lo tanto, monótonas. Hoy no he dado ni golpe pero he hablado con gente que hacía mucho tiempo que no veía y eso me gusta. También me he encontrado con M., cogiendo el tren, y nos hemos ido a la universidad juntas. La envidio muchísimo porque me gustaría tener ya la carrera acabada como ella la tiene […]

Woman is the nigger of the world (Lennon lo expresó mejor que nadie)



Una de las mejores letras de la historia:

Woman is the nigger of the world
Yes she is...think about it
Woman is the nigger of the world
Think about it...do something about it

We make her paint her face and dance
If she won’t be slave, we say that she don’t love us
If she’s real, we say she’s trying to be a man
While putting her down we pretend that she is above us

Woman is the nigger of the world...yes she is
If you don’t belive me take a look to the one you’re with
Woman is the slaves of the slaves
Ah yeah...better screem about it

We make her bear and raise our children
And then we leave her flat for being a fat old mother then
We tell her home is the only place she would be
Then we complain that she’s too unworldly to be our friend

Woman is the nigger of the world...yes she is
If you don’t belive me take a look to the one you’re with
Woman is the slaves of the slaves
Yeah (think about it)

We insult her everyday on TV
And wonder why she has no guts or confidence
When she’s young we kill her will to be free
While telling her not to be so smart we put her down for being so dumb

Woman is the nigger of the world...yes she is
If you don’t belive me take a look to the one you’re with
Woman is the slaves of the slaves
Yes she is...if you belive me, you better screem about it.

We make her paint her face and dance
We make her paint her face and dance
We make her paint her face and dance


Y aquí está la versión oficial (la del vídeo es en concierto)

Cada día hago 8,4 kilómetros en bicicleta, quiero convertirme en superheroína de cómic rubia y veloz



(Maldito el día en que alguien lanzó mi Autocross a la basura)

A veces acudo al Cash Converter de mi antiguo barrio a deshacerme de objetos inútiles que, ni me sirvieron en el pasado, ni me ayudarán en el futuro. Cojo número y me siento si hay sitio libre, claro. Suelo ver a un tipo que viste siempre igual: un traje azul marino roído y unos zapatos desgastados de color que debió de ser marrón en otra época. Siempre se deshace de joyas: un día es un reloj; otro, una pulsera; hoy, un anillo.

Jamás sonríe y apenas habla, se muestra inquieto como si alguien lo estuviera vigilando. Su prisa, me atrevería a afirmar, es crónica.

Del Cash Converter salgo con apenas diez euros y la sensación de que hoy en día es muy sencillo abandonar lo que ya no te importa. Lo vendes, lo regalas, lo tiras, o le das una patada.

Tan fácil que asusta.

Cuánta gente tendrá frío mientras yo recuerdo lo mejor que puedo, que siempre es a trompicones y en pijama de rayas



La veía cada mañana a las 7:20 más o menos. Llevaba el pelo teñido de azul y yo la bauticé imaginariamente Clementine, en honor al personaje de Eternal Sunshine of the Spotless Mind.

Me daba el 20 minutos y se quedaba el frío. Yo me iba a trabajar y ella rezaba por irse a casa. En realidad, encontrarnos era un ritual más.

Desayunar a una hora concreta, vestirse siguiendo un orden, pintarse los ojos de color negro. Rituales. Y por aquella época yo solía sentarme en cualquier barra de cualquier bar a tomarme un cortado y un pitillo antes de trabajar. Ahora sé que lo hacía sólo para pensar en mí unos minutos, los únicos que tenía para estar sola.

Mi antiguo trabajo me desgastaba los huesos y las palabras. Aunque a veces pienso que tenía algo bueno: trabajaba tantas horas que nunca me permitía el lujo de cansarme ni de arrastrar las sílabas por la calle.

Un día fui a coger el tren y Clementine no estaba. Nunca la volví a ver en aquella estación. Ahora, cada vez que cojo un tren temprano, la recuerdo y me pregunto si aún tendrá frío. Mi venganza consiste desde entonces en rechazar todos los diarios gratuitos que me ofrecen unas manos que no son las suyas.

If...



Hace unos días me encontré con mi segundo novio, un chico que hace quince años vestía de negro, llevaba patillas y me presentó a los Pixies. Ahora está calvo, lleva americana y, en lugar de apuntarte su número de móvil en la mano o en un papelucho, rebusca en su cartera de piel una tarjeta del trabajo.

Si me hubiera quedado con él, ahora seríamos profesores en alguna universidad del extranjero, posiblemente dando clases de español a adultos enamorados de la paella, las sevillanas y Dalí. O no.

Volveremos a quedar y no sabré cómo explicarle que no me he casado, que no tengo hijos ni chuchos, que odio muchas cosas que la gente corriente adora y que tengo fobia al mar y a las pesadillas basadas en hechos reales. Que no me creo ni más ni menos pero que adoro los cuentos que me invento para levantarme cada día y borrar los lunes lo mejor que puedo.

A veces no soy tan mal cocinera.

Te lo debía



¿Qué sucede cuando te mueres de repente?

¿Quién se hace cargo de tu cuenta de Gmail? ¿Qué deben de pensar tus contactos lejanos al notar que ya no te conectas al chat? ¿Qué será de tu blog sin actualizar? ¿Te echará de menos la chica de la panadería? ¿Qué sentirá el chico de la revisión anual de la caldera cuando llame a tu casa y nadie le conteste? ¿Y tu dentista cuando nadie haya acudido a la cita del jueves a las 19:30 h? ¿Quién te sustituirá en el trabajo? ¿Quién herederá tus libretas negras?

He escrito tu nombre en Facebook. Estás allí. Como una planta que lucha contra la falta de agua y de vitaminas. Una planta a la sombra. Sigues en esa pequeña parcela virtual, tan sólo se pueden ver un par de fotos tuyas de perfil, tomadas por ti mismo ya que tu brazo estirado hacia el objetivo así lo denota.

Hacía diecisiete años que no sabía nada de ti. Me he puesto a llorar como una imbécil porque seguías siendo –sigues siendo, maldita sea, en mi memoria tú no te vas a morir nunca, tú no te vas a morir nunca- el chico guapo, culto y distinguido de la Facultad.

A veces pensaba en ti. En dónde estarías. De qué trabajarías. Con quién compartirías tu casa y tu cama. Qué ilusa. Debería haberte escrito una carta. Una de esas epístolas románticas y torturadas en las que se agradece a alguien su labor didáctica realizada en el pasado.

Por supuesto, no lo hice.

Ahora me apeno sola mirando tu foto. Cuatro meses después de esa foto morías de una manera preciosa pero absurda. Joven. Parecías feliz con barba de un día.

Hasta siempre, profesor.

Quien no tiene una canción secreta no tiene alma (yo jamás, jamás, jamás, revelaré cuál es la mía)



Esta noche tan sólo tengo una banda sonora rondándome. Las cosas no son blandas o duras, sino frágiles o indestructibles.

Han cambiado la hora pero yo sigo comportándome como antes. Tomo el autobús a las cinco de la tarde, llego sobre las cinco y media -pasadas, casi siempre- y bajo con las gafas de sol puestas a comprar provisiones: jamón, lechuga, tomates y leche.

Me cabrea mucho que alguien desconocido me mire de arriba a abajo.

.........................

Desconecto. Me imagino tendiendo la ropa en un terrao andaluz. Como los de mi infancia inventada, claro. Al lado de mi madre inglesa, más inglesa aún en una tierra de eses devoradas.

Al final me tengo que despertar a mí misma. Lo he vuelto a hacer y me arrepiento. Pasar la línea y esconderte luego para que no te copien las huellas dactilares.

Conecto unos minutos antes de irme a la cama y tomo conciencia de lo relevantes que pueden ser algunas frases en la vida. Una escritorcilla, una dependienta, una camarerucha. Conecto más fuerte aún.

Sigo insegura. Qué humana. Qué Dorian Gray a pesar de todo.

Las preguntas de difícil respuesta son las que más me inquietan



Me pregunto si la búsqueda de la pasión sería un buen tema para una novela. En eso ando estos días. De nuevo vuelvo a tener demasiadas listas en la cabeza y pocos euros en la cuenta. Sobreviviendo, que es lo que importa.

Esta tarde pensaba en lo que me gustaría poder ir a trabajar con traje y corbata. Si pudiera, llevaría una camisa impecable, con gemelos plateados y sombrero. Los zapatos limpísimos, por supuesto, así como el nudo de la corbata, que sería perfecto.

Tal vez el tema adecuado no sea la búsqueda de la pasión sino la búsqueda de la estética.

Me pierde.

Lo que siempre quise hacer pero la tecnología no me lo permitía



Estoy creando una especie de antología de todas las canciones que en alguno de estos seis años de vida del blog han ido apareciendo por los escritos. La lista es pública y la iré ampliando día a día, conforme me vaya acordando de los temas. Se puede acceder desde este enlace:


Antología sonora de Narraciones


O bien desde el link que aparece en el menú de la derecha del blog.

Bueno, es otra tontería más pero como para mí las bandas sonoras son importantísimas pues me apetecía compartirlo. Si alguien no tiene Spotify aún es facilísimo, tan sólo hay que crearse una cuenta, es gratis :)

Y no temo a nada más, que me decían



Me pareció tan triste como Roy Orbison,
Tan encerrado como el gigante egoísta,
Tan cursi como las dos líneas anteriores.

Aquel día me escalé el cerebro
Y recuerdo que llevaba los labios
Impregnados de bálsamo rosa.
Me sentía ridícula y torcida.

-Qué fantasmales,
Qué absurdas,
Qué inconexas,
Qué muertas
Son las cosas que nos callamos
Y enterramos bajo la lengua-

Hasta que todo te lleva a recordar
Algunas de las canciones más románticas
De toda tu vida.

No me hacía falta nada,
Ni siquiera ver la luz...

¿Cómo he podido olvidar una de las canciones que más me marcaron?



Te topas con el pasado
Como quien descubre un día
Que la mancha en el rostro
Es de vejez y no de maquillaje.

Y pones la canción en bucle
Una vez tras otra
Hasta que alguien te despierta
De la fantasía estúpida
De creerte en otra ciudad
Con otro nombre.

Comes cacahuetes,
Entras en la tienda nueva Benetton,
Reclamas un recibo cobrado por duplicado
Y buscas en Google el nombre de tu abuela.

La vida.

Y dan las seis y sintonizo a los Stones.

Siete líneas porque si no estuviera resfriada, serían veinte

A las ruinas
No hay que mirarlas
Jamás.

Hay que pasar a su lado
Como si nos filmaran
En el mejor papel
De nuestra vida.

Si adoras a Tom Waits, querido lector, te juro fidelidad eterna



Esos amores típicos de verano que duran lo que una estación. Así fue ella. Una rubia andaluza esbelta y morena. Jamás le confesé mi amor, ni lo deshecho que se me quedó el corazoncillo de cría cuando supe que le gustaba un chico. Nunca imaginó que me pasé el invierno esperando sus cartas.

Veinte años después vuelvo a saber de ella. Su profesión y su cara, que sigue en la misma ciudad y que se acuerda de mí. Que conserva la misma sonrisa.

La vida tiene sentido.

Ha pasado mucho tiempo y me parece extraordinario recobrar ciertos recuerdos. Me encantaría contarle que he llegado hasta aquí junto a alguien que me besa cada noche y cada mañana y que no me importa nada más. Que ahora somos dos y existe una casa con cuadros de Marilyn y de James Dean.

Lo que duró una estación, pero qué intensos son los amores a esa edad.

La mirada más triste



Creo que Clark Gable murió antes del estreno de Vidas rebeldes (1961); y Marilyn Monroe dos años después. Fue su última película completa ya que de Something's Got to Give apenas se conservan treinta y cuatro minutos de rodaje.

Esta noche la he visto por segunda vez en mi vida. Ahora he intentado escribir sobre ella y todo lo que he vuelto a revivir durante esas dos horas. Y no puedo. Siempre me pasa lo mismo al tratar de describir lo bello.

La imagen del potrillo que golpea la pata sobre su madre, que yace en el suelo privada de libertad, es dolorosa. O los tres hombres que se derrumban tras beberse todo el whisky. O ella, más humana que nunca, gritando en medio de la nada.

Qué difícil es entenderlo todo a veces. Qué difícil empezar de nuevo en otro lugar.



Los verbos activos vs los pasivos (o la guerra de las pestañas confundidas)



Quiero conseguir una botella
De cristal limpio y transparente
Para utilizarla como catalejo
Las noches que te separes de mí.

Quiero escribirte en el tren
De vuelta
Del trabajo
Que maldigo todos los lunes.

Quiero escaparme de cien hospitales
Porque no creo en las oraciones
Que me obligan a masticar
Después del postre.

Y quiero,
Maldita sea, quiero,
Que me vendes los ojos
Cuando ya no me dejen quererte.


Poemas de la escapada
Lunjak Martol (1974-2008)

Si es que todo es mentira… (o el corto que me hubiera gustado escribir)



Desgasté el vhs en el que tenía grabado este corto. Los milagros de Internet hacen posible que ahora se pueda ver online tantas veces como se quiera. Y desde cualquier país del mundo.

He llevado tres cintas de vídeo antiguas a una tienda para que me las pasen a digital. En ellas aparecen personas a las que ya no puedo ver, ni hablar, ni enfadarme con ellas, ni explicarles qué hago.

No sé si seré capaz de verlas o si, al contrario, las guardaré en un cajón. Pero deseo tenerlas conmigo. Por eso de las cosas que los nietos deberían saber.

Iba a concluir con una conclusión ¿cuál? No acierto a dar con ella.

Soy fan de Doña Ana, ahí es nada



Querida Paola,

El ocio se me acaba. Adiós a las horas muertas contando mis propias letras y espiando a las vecinas. Es hora de recoger y de hacer la maleta poniendo separada la ropa limpia.

Me siento como una adolescente perezosa que no ha hecho los deberes de verano y que tiembla ante los exámenes de recuperación de septiembre. ¿Y qué? Que la vida iba en serio uno lo empieza a comprender más tarde, como todos los jóvenes, yo vine a llevarme la vida por delante,... que diría Jaime (si no me falla la memoria).

Pues lo dicho. Que somos jóvenes. Que se me acaba la conexión a Internet y no tengo más saldo y tampoco más días.

Este no es un post de reflexión ni nada que se le asemeje. Es un escrito en plan "sigo adelante" porque me siento algo nerviosa.

Y motivos tengo...

Tu soldado regresa a casa.

Ni tengo una infancia traumática ni idílica



Infancia de chándal azul marino con rayas blancas a los lados. La emoción en el 88 cuando supimos de las olimpiadas. Escribid un poema sobre los Juegos Olímpicos de 1992, en rima consonante. Y el título pintado con los aros olímpicos y lápices de colores. Que voy a sacar punta. Y te levantabas hasta la papelera para hacer corrillo con el resto que también había ido a sacar punta. Cuatro chismes y de nuevo a tu sitio.

En la hora dedicada a biblioteca cada uno aportaba un libro de los de Barco de Vapor. Aún no nos obligaban a comprarlos en catalán, cada uno leía en la lengua que le daba la gana. Te leías el tuyo y después ibas leyendo el del resto de compañeros de clase. Estaban los de la serie roja, naranja y azul. Los de la roja eran los de los más “avanzados” y, el resto, era más “fácil de leer”. El tuyo era de la serie roja porque eras de las que sacaban buenas notas y escribías sin faltas. En aquella clase había cuatro o cinco sólo de la serie roja así que cuando te los habías leído todos ya no te quedaba más remedio que leer los del resto de series. A ti te gustaban todos.

Elegiste para comprar uno que se titulaba El maestro y el robot, aún está en la estantería de las lecturas infantiles. Creo que era algo así como ciencia ficción rural, me impactó mucho.

Luego te caías en el patio y el chándal azul marino con rayas blancas a los lados se destrozaba por las rodillas. Tu madre le cosía rodilleras porque el chándal aún estaba nuevo para desecharlo. Te ponían mercromina cuando no estaba prohibida y enseguida salían las costras –como las que tienes ahora en el pie-, que parecían montañas diminutas. Las costras no se arrancan, recuerda, porque te quedará la marca para siempre.

A escondidas, te las arrancabas. Si había suerte, no salía nada de sangre; si no, de nuevo el proceso.

La marca, eso sí, perdura para toda la vida. Las madres no mentían.

Pequeña anotación para adelantar el tiempo



Quiero volver y que veamos juntas Orfeo negro con una cerveza y un pitillo.

Ése es mi mayor deseo ahora mismo.

La joven hikikomori



Pasé mucho tiempo obsesionada con esta canción y su videoclip.

Blanco.
Tiempo blanco.
Sábanas blancas.
Refugio blanco.

La joven hikikomori
Mira su piel blanca
Y la ventana
Se cierra sola.

Japón no es el mundo,
Es una tierra
Separada por océano
Aislado.

No hay silencio
Ni amigos,
No entran
Lluvias ni rayos.

Hoy es ocho
De septiembre,
Lo ve en el calendario
Que cuelga de su pared blanca.

La última vez que salió
Era ocho de marzo,
Una amiga la paró en la calle
Y tomaron una Coca Cola.

Anotación desde un teclado diminuto limpio de pasado

Llevo una semana aquí. Esta noche he mirado las fotos que tengo guardadas en el móvil, no recordaba ésta. Tiene un azul difícil de captar, menos aún si no eres hábil con la fotografía.

Ha llegado septiembre y me ha vuelto a pillar desprevenida con las tareas a medio hacer y el pelo sin cortar. ¿Recuerdas que te comenté que quería hacerme rastas? Ya no sé si quiero, pienso en el mantenimiento y todo eso. Creo que me voy a echar atrás. Se quedan los rizos.

Esta noche he cocinado guacamole en tu honor. Me ha quedado muy bueno a pesar de que he olvidado añadirle un chorrito de aceite. Con un solo aguacate porque era para una sola persona. Uno solo para una sola.

He tratado de no estar triste y lo cierto es que lo he conseguido pero siempre hay una noche en la que te derrumbas. Si esta situación se prolongara no sé qué haría.

Me parece recordar -como siempre mezclo temas sin ton ni son- que para "Ana Karenina" filmaron dos finales diferentes y que cada distribuidor o sala elegía el que más le interesaba para exhibirlo ante el público. Para que luego digan que la interactividad es un concepto moderno, ya, no es lo mismo, ya me entiendo.

Una película dura, Greta Garbo tan cerca de la belleza perfecta, un domingo. Uniendo estas palabras no me ha salido nada mejor.

Hoy he ido a misa. Voy una vez al año a pesar de ser bastante atea, cosas de la vida. He pensado en ti y he tratado de rezarte algo original y sentido. No me salía apenas nada más que dos o tres frases en las que me he quitado el sombrero, he lanzado el pitillo y me he puesto a tus pies.

La ofrenda está en mi pensamiento.

De cómo surgió el nombre de una tierra y la aparición de una herida que se oponía a volverse cicatriz



Era bella y azul como algún mar desconocido, posiblemente de la Costa Azul, en la que nunca he estado. Rápida, ágil y peligrosa, como algunas chicas. Me subí a ella y mi error fue acelerarme tanto como el propio pulso. Como una bala loca de venganza. Una adolescente irresponsable y huérfana.

Una Vespa. Conduje aquella moto apenas un minuto y fue suficiente para que la tierra me destrozara la piel. Nada serio. Me levanté y la vi a ella. En un segundo fui consciente de mi irresponsabilidad. De mi locura. De mi desatino.

Observé la herida y pensé que no me dolería… me equivoqué. El socorrista rubio extranjero me la curó y quise cortarme el pie del dolor. Después me bañé en el mar más limpio del planeta, una y otra vez, una y otra vez. La sal me arrancaba lágrimas y sangre. Una detective que llora no es un espectáculo demasiado agradable pero no podía disimular. Qué desatino.

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Y ahora doy gracias. Por estar de nuevo escribiendo, por respirar, por haber tenido suerte. Podría haber sido mucho peor, sin duda. Miro la herida y se cura bien, puedo caminar sin que nadie me mire de reojo como hace unos días.

Le he prometido a Paola que no volveré a jugarme la vida en vano porque tengo sólo una. Y un único cuerpo, unos únicos ojos, sólo unas manos. Y los necesito para ella.

En la isla nos hemos querido como un náufrago y el marinero valiente que lo salva. En la isla le expliqué el verdadero origen de una tierra:

Un día de agosto llegó a aquella tierra una chica morena, tan salvaje y libre que nadie osaba mirarla ni hablarle. Llegó sola, pronto se adaptó al lugar y enseguida empezó a cultivar su propia tierra, un pequeño huerto en el que cultivó alimentos para poder subsistir. Pasaron los meses y la joven cada día era más bella. Todo el pueblo se había dado cuenta pero nadie se atrevía a verbalizar ese pensamiento.

Un domingo después de misa regresó al lugar una joven que se había marchado a hacer fortuna a la Argentina. Se llamaba Laura y era tan rubia que parecía nórdica, a pesar de que sus raíces no habían salido jamás de aquellas tierras. Volvía con las manos vacías, sin dinero y sin futuro. Y sola.

Pasó por delante del huerto de la morena y la vio allí, ajena a todo, tan sólo preocupada en regar la tierra para que diera sus frutos. Fue ver su cuerpo moreno y enamorarse al instante. La deseaba, la amaba, toda su vida desembocaba en aquel preciso instante, el de su encuentro. Se sintió incapaz de pensar en nada más.

¿Quién era aquella joven? ¿Cómo se llamaba? ¿De dónde había venido? La respuesta se resumía en una única palabra: Lucía.

Aquella chica se llamaba Lucía, no podía llamarse de otro modo. Era algo totalmente irracional, lo sabía, pero no existía otra respuesta posible.

La morena la miró, en ese momento fue como si le hubiera leído el pensamiento. Laura la rubia la había bautizado mentalmente y así la había dotado de una vida, de una existencia, de un amor.

Entró en su casa y jamás salió de ella. Envejecieron juntas y nadie las vio separarse un solo día.

Cuentan las gentes de aquella tierra que Laura la rubia solía mirar a su chica y decirle: “Anda, Lucía” mientras le besaba el cuello. Estaba fascinada por aquella mujer. Y de esa fascinación surgió el nombre de la tierra andaluza.

La luz de un único faro

Volveré el año que viene. Volveré siempre. Volveré contigo. Nuestras pistas han echado raíces en esta isla.



Siempre tendré devoción por P.C.



No viajo sola en avión desde el 2005 y ahora, cinco años después, buscaré de nuevo la puerta de embarque que me lleve al sur. La inercia hará que recuerde cuando en los aeropuertos se podía fumar y estaba permitido jugar una partida de billar mientras la mirada, siempre de reojo, verificaba la existencia de un posible retraso.

Sin maleta, con una mochila ligera a la espalda y sin tabaco. Con un billete sólo de ida. Después vendrá el autobús al centro de la ciudad y luego el autocar. Dos horas de viaje hasta llegar a un punto que dista unos quince minutos de la calle elegida.

Es lo que tiene el dedicarse a resolver casos, que te vuelves metódica y ordenada hasta la saciedad. Mapas, horarios y números de teléfono custodiados en un bolsillo secreto. Algo de comida y nada de líquidos. Ninguna lectura. Una foto para caer de nuevo en la pasión.

De pequeña anhelaba aventuras que me llevasen a vivir en hoteles todos los días del año. Pero creo que esto ya lo conté en otra ocasión.

Espero no tener miedo y volver.

Los segundos, los minutos y los amaneceres sólo contigo



Alguien escribió una vez que lo irreal es casi tan bello como lo real.

Recomendación literaria a mediados de agosto



En el post de hoy voy a ir directa al grano, sin preámbulos ni introducciones interminables: os recomiendo un relato.

Su autora es Eva Gutiérrez Pardina, de la que también os recomiendo su blog (La poma daurada) y su tesis doctoral (Cuatro caras de Hermes en la obra narrativa de Flavia Company).

Eva es una tipa inteligente, brillante, lúcida y sorprendente. Es tan buena escribiendo ficción como ensayo y a mí eso es algo que me admira. Un diamante.

Aquí podéis acceder al relato (y votar por él, al final del mismo, pulsando sobre el símbolo del pulgar hacia arriba):

Baños árabes


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Como curiosidad, una vez me dedicó una entrada en su blog. No hace falta que repita la ilusión que me hizo y el ánimo que me dio leer su Carol Blenk, la escritora detective.

01:58 AM



Cambiar de vida. De traje y de bebida. La marca de cigarrillos no, eso se conserva intacto.

Debo aprender a escribir de nuevo. Lo que me pasa es tan inquieto y tembloroso que no veo bien los mapas. El gazpacho no, eso me sale cada día algo mejor.

Y sí, es un post en directo. Otra vez. Las 02:03 AM.

14 de enero de 1990



Que veinte años no es nada...

Me topé con Gil de Biedma un domingo 14 de enero de 1990, en el suplemento de El País. Me impresionó el titular ("Ecribir fue un engaño") y un fragmento de "Pandémica y celeste". Jamás, jamás, jamás había leído un poema como aquél. Bello y terriblemente real. Qué iba a saber yo por aquel entonces lo que era la poesía de la experiencia. Pobre de mí, con quince años. Ansiaba la experiencia de otros viviendo en mi sangre.

Unos ocho años más tarde tuve la suerte de asistir a las clases de Carme Riera -ya en la Facultad- y de reencontrarme con el poeta. La mirada ya no era la misma, había pasado de adolescente a aprendiz de filóloga. La experiencia entonces era más pesada, más turbia. Ya la tenía, la experiencia.

Doce años después del segundo reencuentro. Tampoco soy tan mayor pero anoche, al ver el recorte del diario, pensé que veinte años eran demasiados. Ya no guardo recortes, ni fotos, ni rescato papelillos... ¿Hago bien? Suelo recordar una frase de esas "de carpeta" que decía algo así como: conservar algo que me ayude a recordar sería admitir que puedo olvidar. La idea sería ésa, supongo.

Total, que el post -una vez más- se me ha ido de las manos. Quería comentar que anoche vimos El cónsul de Sodoma y nos gustó.

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Y de postdata: que escuchar a las Shangri-las de vez en cuando siempre me hace reencontrarme conmigo misma, con mi mejor fondo.

No se puede capturar un relámpago



Qué pena, con la de cosas interesantes que se me habían ocurrido hoy... mientras planchaba la ropa, cuando pasaba la aspiradora, al ordenar mi escritorio... nada. Al llegar la noche, nada. Todo se me ha esfumado. Como el humo del segundo cigarrillo. Cero.

Me cuesta atrapar los momentos. Como cuando te asomas a un acantilado y ves el mar rugiendo bajo ti. Te impresiona. Te atrapa la imagen. Incluso puedes sentir gotas minúsculas chocando contra tu piel. ¿Es posible? Pero si estamos a demasiados metros de altura, las olas no pueden llegar tan alto. Sí que llegan. Sólo allí lo consiguen.

No sirven ni las fotos ni los textos. La belleza se escapa, una furtiva, una indescriptible. Una.


No se puede capturar un relámpago. La clave, tal vez, esté justo en eso.

"Tener" se debería conjugar siempre en presente

Tenía los pies más gitanos de toda la isla. No se casaba con nadie y jamás la habían visto con el pelo suelto. Su segundo apellido era público pero el primero era desconocido. Miraba como quien lanza una hacha en encendida.

Ayer la vi en la playa, a la hora en la que el sol se cae. Tenía, aún los pies más gitanos de toda la isla.

Bronceadores, ventilador y sangría

Hacer el amor bajo un ventilador de techo es como amarse ante un molino de viento.

Los días de isla que anhelamos en invierno

Por tener los ojos nuevos hay gente que mataría. Por sentarse y tomar café como si nunca se hubiera probado. Por nadar como un salvaje hasta el fondo de una piscina. Por besar un hombro antes de hacer el amor a las diez de la noche.

No tengo cursivas en este teclado así que debo escribir que estoy leyendo "Escrito en el cuerpo", de J. Winterson y que resulta una delicia.

Me recuerda al recuerdo de mí de antes. A frases que se arrojan como anzuelos. A resaca amarga de malos hechos mientras llueve con furia y amnesia en otra ciudad. O en otro puerto.

Estar en una isla sigue siendo algo nuevo y enigmático

Suena el mar de fondo.

Tengo muchas sensaciones en la mente pero soy incapaz de ponerlas por escrito.

No me voy a preocupar por eso ahora.

Ella es infinitamente más espectacular que esta isla.

Fascinación



Sobran las palabras. Este pulpo es un genio. Creo que a partir de ahora él debería ser el que gobierne este país: el que decida qué se hace en el asunto del Estatut, el que suba o baje el IVA, el que modifique o no la Constitución, el que elabore las leyes, etc.

En serio, hace tiempo que no veo a un tipo más lúcido en los medios de comunicación.

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Me voy de vacaciones. Hasta la vuelta :)

Paisaje de un miércoles que ahorca a junio con niños jugando de fondo en una heladería



Los finales de curso siempre me han dado pena. Algo así como una nostalgia intensa –que se sabe pasajera, por suerte- y que te deja con un gusto amargo en la garganta. Intuyes el verano y los destinos que tomará cada uno de ellos: el pueblo materno, la playa superpoblada, la montaña infinitamente lejos, el balcón con el ruido de ventilador rugiendo desde el comedor. Diferentes destinos para ojos diferentes.

Algunos se despiden de ti con un corte de manga invisible; otros, con un guiño; otros no se despiden porque, tal vez como a ti, les duele algo que no saben dónde se localiza. La velocidad de la despedida es inversamente proporcional al afecto sentido, aunque demostrarlo con una fórmula verbal sea complejo.

Me quedo en el aula. Sola. Sentada en el trono de un reino que se ha quedado vacío. Inerte. Como si nunca hubiera estado habitado. Hay algo que me retiene y que anula el gesto de levantarme. Quizás aún quede un poco de lo que allí se habló la semana pasada… aquel tema, el famoso tema nueve, el de las pistas que se dejan en la nieve.

Recuerdo que fascinó a todos los estudiantes, querían saber más, ávidos y febriles. Y yo no les pude dar más, sencillamente no había más que ofrecer. Hay cosas que están por descubrir.

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Y ahora estoy en casa. Sola y vacía. Sin saber qué hacer. Como un robot al que han desprogramado y que, al sentirse libre, no encuentra el camino. Un robot que puede saltarse todas las reglas pero que, no obstante, se queda agazapado y mudo.

La última hora de la tarde no tiene precio



Respiras hondo, alguien te ha recomendado que lo hagas. Cuentas en inglés, one, two, three, four, alguien te ha recomendado que lo hagas. Recitas versos en catalán, apaga aquests ulls meus, no deixaré de veure’t –te vale una traducción genial de Vinyoli, ahora mismo no se te ocurre otra cosa-, alguien te ha recomendado que lo hagas.

Te paras en seco en medio de la calle. Una señora habla por teléfono, un perrillo se asusta de un cláxon, un camarero sirve un café solo en una terraza a una sola. La miras, te mira. Se te desnuda el tiempo de repente y te quedas fría a pesar del sol que te cae sobre los hombros. Has oído en algún lugar que escribir empleando partes del cuerpo como brazos, manos, labios, u hombros, puede darle un aire cursi a la prosa. Lo recuerdas bien pero ahora no es el momento de ponerse exigente con la escritura.

El tiempo. Los treinta y seis.

Las recomendaciones y los apuntes son incompatibles, piensas. Y cuánto darías por tener veinte años tan sólo un día, uno nomás que te diría alguien, para salvarte y condenarte todo lo rápido que te dejara el cuerpo.

Te preguntas si aún estás a tiempo de leer R. Mas odias que la gente te hable de ese libro porque no lo has leído. Ya no te avergüenza confesarlo pero eres tan escurridiza que sigues eligiendo otros títulos. ¿Cómo llegaron esas dos ediciones a tu casa?

Vuelves a respirar hondo, por aquello de la recomendación. Aligeras el paso y llegas hasta el final de la calle en la que por primera vez te creíste única. Por aquello de una rosa entre miles. Te cuestionas dónde se debe de vivir mejor: en el inicio o en el final de la calle. Como no lo sabes, usurpas a una encuestadora y entrevistas a siete personas del inicio de la calle y a siete del final. Por aquello de las estadísticas, claro.

A través de las respuestas descubres que ninguno de ellos ha decorado su casa con sus propias manos. Ésta no era la estadística que buscabas. De todos modos, te sientes como quien saca la paella de la cocina y la planta en medio de la mesa, radiante y valiente.

Regresas a casa con la certeza -absoluta y bella- de que la última hora de la tarde es, sin duda, algo que puede cambiarte el día.

La cicatriz de tu espalda no importa (gran frase)



¿Vives en Barcelona? ¿Sueles cambiar de la línea verde a la amarilla en Paseig de Gràcia? Entonces sabrás de qué te hablo. Un largo paseo en el que las personas con las que te cruzas se asemejan a holografías. O algo parecido que no acierto a identificar.

Hoy no estoy muy profunda. Pero soy feliz cenando gazpacho -con la receta, mitad inglesa, mitad andaluza, de mi madre- y haciendo garabatos imaginarios.

La del vídeo soy yo recorriendo ese camino subterráneo con la chaqueta en la mano y grabando algo que, en principio, no iba a publicar. Cosas del directo.

Disculpas mil, pero los nombres de las líneas de metro de Madrid me parecen mucho más salás que las de Barcelona: Pitis, Ópera, Callao, Goya, Mar de Cristal, Noviciado y, por supuesto, Pacífico, que ahora cobra un nuevo sentido.

Va por vosotras, chicas.

Tengo el bajo de Paul en mi casa, es un secreto



Estoy en casa de mi madre. He abierto el cajón de mi antiguo escritorio y había un puñado de caramelos de cereza. Ese tipo me encanta. Ella los ha dejado allí, no sé cuándo -hace días u horas-, pero el detalle me ha conmovido.

Ponerse a hacer régimen en esta tesitura es absolutamente ridículo.

Centrifugando en blanco



Las lavadoras te revelan cosas que nadie percibe. Olor a vainilla, sabor a clorofila, color negro desgastado. Cuando centrifugan, es el momento exacto para cerrar los ojos y desear empezar de nuevo con más calma.

"Olvidé todas las leyes y olvidé la lluvia"



Frank Black antes estaba delgado, pero su voz jamás cambió. Repaso sus fotos con el grupo y las comparo con las actuales. Le veo la voz en las fotos. Sigue siendo frenética, rápida, increíble, la mejor. A veces desde el infierno, a veces desde el mejor de los cielos. Y Kim a su lado. Yo soñaba con tener un grupo como los Pixies, con cantar como ella. Sigo soñando con eso pero con menos intensidad. Ni siquiera soy capaz de ponerme a aprender a tocar la guitarra. No tengo ni idea.

A veces me pregunto qué pasa con los sueños que tenemos. De pequeña quería tener un banco para quedarme con el dinero de la gente. No era muy buena cría, no. Soñaba con ver la nieve... hasta que un día la nieve llegó a mi ciudad.

Y con la nieve, la prohibición de salir a la calle. Creo que fue la primera vez —que no la última— que desobedecí a mi madre. Salí por la puerta de atrás y enloquecí dejando mis huellas en la nieve. Me pareció lo más bello que había visto jamás. Mi madre me pilló y me obligó a entrar. Pero volví a hacer caso omiso de lo que me había dicho y salí...una vez más, y dos... y no recuerdo cuántas veces más.

Curiosamente, no recuerdo que me hubieran castigado a pesar de que mi desobediencia merecía una buena bronca. Creo que, en el fondo, a ella le enternecía mi obsesión por pisar, por probar, por paladear con los pies, aquella nieve nueva.

Me encantaría que todo sonara como The happening...

No hay nada mejor que poner un punto y final con un hello.

En menos de cinco minutos voy a comer paella así que no me puedo dispersar demasiado



Ayer en el tren un niño con uniforme se sentó a mi lado. Tendría unos siete u ocho años y era el único de sus compañeros que no gritaba o se movía como una lagartija. Se sentó con la mochila colgada a la espalda y se dispuso a hacer deberes de matemáticas. Se trataba de sumas, restas y multiplicaciones, lo espiaba con el rabillo del ojo.

Yo llevaba gafas de sol y escuchaba canciones en modo aleatorio. El niño empuñaba el lápiz como quien empuña una espada. Se llamaba Guillem y no acertó ni una sola de las operaciones.

Me encantó ese crío.

He plagiado el primer verso pero supongo que a esa persona no le importará



Ya he llegado, todo ok,
He cogido el metro amarillo
Y el tren que nunca se retrasa,
En una hora y diez minutos
Estaba regando una planta
De rosas diminutas
Y un tiesto de menta
Que mantiene vivos los mojitos.

Planeo veranos
Con vuelos, coches y barcos.

Me paso tanto tiempo en
Transportes públicos
Que debería saber tripular
Todos esos inventos.

Escribo para poder meterme en la cama
Mitad mareada y mitad morena.
Me cuesta situarme en el equilibrio
De lo normal y lo estrambótico.

¿Y qué ropa me pongo ahora
Si con camiseta me hielo a las siete de la mañana
Y con chaqueta sudo en el metro?

Los problemas de la pequeña burguesa prosiguen,
Como véis.

Si pudiera partirme el cerebro
Y limpiarlo de frases subordinadas
Y condicionales
Aseguro que lo haría.

Me voy con un rezo blanco
Entre los dedos
Y un interrogante
Que ni yo entiendo.

Las ciudades en las que se oyen campanas me dan buena suerte



Jamás dejaré de utilizar agenda. De las de toda la vida.

"Lámpara" y "libreta"



El post dentro del post. Acabo de repasar todos los escritos que conservo en modo "borrador" (en el blog) y lo cierto es que no puedo publicar ninguno porque, o son demasiado brutos, o demasiado dulces.

Una vez —hace mucho, muchísimo tiempo— mi cuñada me dijo algo así:

—Llega un punto en el que te acostumbras a estar sola. Y a partir de ahí, si no te has casado, es peligroso porque ya te has hecho a la idea de estar sola. Y estás bien contigo. Y sabes que podrás pasarte el resto de tu vida así.

O sea, que si cruzas ese límite, te puedes quedar en ese teritorio y ser la mar de feliz. Con tu sombra y con tus pasos.

Mi cuñada, es evidente, se casó con mi hermano. Pero a veces pienso que estuvo a punto de pasar el límite también. Como tantas otras personas.

Hago una lista mental de personas a las que creo que conocen ese territorio. O las que están a punto de entrar en él. Es curioso, me salen algunas que tienen pareja... Debería analizarlo. Tal vez mañana.

El resumen de todo ello es que tengo que escribir un cuento y no se me ocurren nada más que imágenes incoherentes y frases locas. ¿Me lo aceptarán?

Los trenes que llevan mercancía nunca paran



No ha parado. No llevaba mercancía. Tan veloz como una canica en un tobogán. El viento en las estaciones de tren se asemeja a los huracanes.

Tengo un billete de Bécquer, uno de mis tesoros favoritos



Si es necesario me despeino yo sola
Mientras desayuno frente a la radio apagada.
¿Por qué no abrir la botella de cava
a las siete y media de la mañana?
Si me doy prisa tal vez llegue a trabajar
Una pizca ebria.
Lo suficiente para pensarme
Que la fuerza está de mi lado.

A partir de ahora
Me corrijo,
Me borro los errores,
No prometo virtudes,
No enseño las pestañas
A desconocidos,
Y cierro los labios
Después de fumar.

¿Era Chavela Vargas
la de Amar duele?
¿Eran La habitación roja
los de tú eres lo primero, el origen de todo este infierno?

Llego a clase de Criminología y Huellas Camufladas en Cajones de Madera
Cinco minutos antes de que comience la sesión
Y una alumna medio rubia medio pelirroja
Me da su trabajo de final de semestre
Que huele sutilmente a tabaco negro.

Lo abro por la penúltima página
Y descubro
Una dirección de Internet
Y un número de móvil.

Yo sólo cruzo el estrecho por una chica italiana.

Y me da igual si me esperan noches de insomnio,
Botellines de agua caliente
O móviles sin batería suficiente para susurrar tres frases.

Tocar el bajo imaginario,
Beber zumo de melocotón por las tardes
Y cenar sólo fruta
Son mis entretenimientos
De esta tarde extraña
Por diferente e irreal.

Estoy empezando a dibujarme la silueta
Sin tumbarme en el suelo, claro,
Que parecería un simulacro de asesinato.
El premio que nunca ganaré
Aún me espera en una ciudad que desconozco.

Espero que no te dé por contar los versos
Ni hacer cómputo de sílabas
Ya que no se trata de calidad
Sino de teclear para que sepas de mí.

Esto no se para, mi italiana.

El post más sencillo: sin pretensiones, como quien respira y se toma una cerveza bajo el sol



Lo reconozco. Me he enganchado al último de Coque Malla. Tiene algunos temas que me parecen sublimes (Hasta el final y Berlín, sobre todo).

Volver a lo sencillo. Eliminar las subordinadas. Elegir los galopes sintácticos. Los saltos en el tiempo y en el espacio. Disparos limpios. La cara mirando al frente. Patada a la pared. Abrazos sin ropa.

Ayer cruzó ante mí un coche. Dentro de él una chica de la que fui amante. No sé si me vio. Por un segundo creí ver media sonrisa en su cara. Algún día me gustaría poder hablar con ella de lo que sucedió después de nuestra breve historia. Comidas compartidas. El sol nuevo de julio. Y yo, como es habitual, olvidándome de un clavo besando a otro clavo. Stop.

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Me gustan los viernes. La recibo como si fuera un soldado que llega de la batalla. La beso con cuidado. Le quito la ropa para curarle los puntos y le cubro la herida con una venda limpia. La detective que se torna enfermera, quién me lo iba a decir.

Ahora sólo me falta hacerme otro tatuaje.

Lo difícil de las tipologías



(No hay nada como una cama blanca)

Cuando iba a la universidad, recuerdo que siempre que nos hablaban de algún tipo de clasificación o tipología nos decían que no era la única existente o la única válida. Solían comentarnos que cada crítico o estudioso planteaba una clasificación diferente —de géneros cinematográficos, osos polares o pantalones vaqueros— y que cada una tenía sus virtudes y sus defectos.

En resumen, resultaba muy complicado atender a una única tipología sin tener carencias.

Hoy me he dedicado a ordenar todos los contactos de la agenda del móvil (que previamente había ordenado en el mac). He suprimido un gran número de nombres que ya no significan nada y que sé a ciencia cierta que jamás volverán a llamarme. Y he tenido la santa paciencia de ponerles una foto a algunos de ellos (aunque sé que es perder el tiempo, ya que muchos de ellos son personas que no me han llamado ni llamarán una sola vez) porque me ha parecido estético. Y porque me parece bonito recordar sus rostros.

Y entonces es cuando han entrado en juego las tipologías: ¿Los "conocidos" están dentro de los "amigos"? ¿Los colegas del trabajo van en el grupo "trabajo" o en el grupo "amigos"? ¿Las personas con las que me enrollé en el pasado son "conocidos" o "amigos"? Sin duda, los grupos más claros son los de "familia" y "útiles".

Tenían razón mis profesores: basarse en una única tipología es complicado.

A veces me pregunto qué me pasaría si dejara algún día de ser rubia imaginaria

Narraciones De Carol Blenk



Un Facebook más en el mundo. En los miles de miles de miles de miles que existen. Es un invento que me parece muy estético. Muy internacional.

Quien quiera que se apunte, como nos apuntábamos a jugar a aquellos juegos en el colegio.

Me gusta el verbo apuntarse...

Los que saben que Medem es mi dios entenderán que hoy esté medio loca



Hoy estoy muy nerviosa. Hoy se estrena Room in Rome. Por fin, después de estar tanto tiempo esperándola.

No me sale escribir nada decente ni lógico, ni acorde con el momento. Recuerdo que hace mucho tiempo le comenté a Paola algo así como:

-¿Te imaginas que Medem hiciera una peli bollo? Eso sí que sería ya increíble...

El resto de la conversación consistió en fantasear con que la peli la protagonizaran NN, CR y LW.

Curiosamente, a veces se cumplen algunas partes de nuestros deseos.

Hoy será ver el estreno de la peli bollo de Medem. Con mi chica.

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Editado:

Si no la habéis visto, por favor, no la dejéis escapar. Cambiará vuestras vidas. Os hará estar una hora y media en otra realidad. Sublime. Magnífica. Perfecta. Obra maestra.

Es bella como James Dean. Esa belleza que te hiere hasta lo más hondo.

Nadie en este planeta debería perdérsela.

Y después de verla, leed el estupendo artículo de Eva Gutiérrez.

Los del tiempo no se han equivocado



Llegó la lluvia y se fue el frío.
Tengo ganas de que llegue el verano
Y de ponerme un vestido bien ceñido.
Ya ves, qué poco me cuesta ponerme superficial.

Ahora que lo pienso,
Hoy he fingido tres profesiones:
Cirujana, actriz porno y camarera.

A ver si ahora va a resultar
Que lo de ser detective
No va conmigo.

Estoy bebiendo una copita de vino blanco
Mientras me fumo un camel.

Es delicioso escribir en directo.
Y no darle importancia a los verbos,
A las repeticiones
Y a las metáforas desajustadas.

Nunca había vivido tanto como ahora.

Me gusta con locura el chico que canta. Y la canción, claro.

Oye, ¿tú eres la chica de Sant Lluís?



Nos conocimos en Sant Lluís.
Un julio de calor húmedo y color tierra.

En pleno jaleo
Con un vaso de pomada en las manos
Haciendo malabarismos para no perder el cigarrillo,
Cuando me encontré con ella.

Y hablamos
Como hablan
Las que se desconocen.

Reímos en medio
De la gente y de los caballos locos
Que amenazaban con desbocarse
(que significa "perder la boca")

Yo acababa de hacerme un tatuaje
Y llevaba vendado todo el brazo,
Qué situación más extraña, recuerdo que pensé.

Tan juntas en medio de cientos de menorquines
Ebrios de sol y de verano,
Tan solas reunidas en una isla.

Me despedí de la chica de Sant Lluís
Para volver a encontrarla
-misteriosamente, casualmente-
En todas y cada una de las ciudades
En las que he pasado alguna noche.

Gitanas lesbianas



Hay que ver esta entrevista, hay que verla:

Primera parte

Segunda parte

Tercera parte

Siempre reinarás



No hay manera
De calcular
De medir
De fijar
De calcar
Las coordenadas del lugar
En el que estamos.

El último pitillo
Porque después de lavarme los dientes
Es un pecado fumar.

La bombilla de bajo consumo
A veces tiembla cuando suenan
Algunas canciones en directo.

Tecleo bajito para que nadie se entere
Y me concentro en oír pasar
Al camión de la basura.

La señal.

Los días de turbulencias
Silencios
Y mareos de la piel
Ya han pasado.

No queda marea sucia
Ni ventanas abiertas.
La miro
Cuando no está a mi lado.

Dormir con las sábanas limpias
Es como volver a la vida de nuevo.

El día en que alguien creyó en mis textos



Admito que mi comportamiento a veces es algo compulsivo, exagerado y dramático. Reconozco que en algunas ocasiones me encantaría borrarme el nombre verdadero y ponerme el de mentira para que me salvara de más de una caída.

Por razones que no vienen al caso, hace varios días que me hallo en una crisis de escritura. Sí, lo que escribo me parece una mierda. Y no es que yo vaya de diva, ni de tipa iluminada, no es nada de eso. Nunca he sido presuntuosa, bien lo saben los que me conocen.

Para mí escribir siempre ha sido como beber agua o respirar hondo al bajar a la calle. Lo más sincero de mí misma.

Algo necesario, divertido. Algo que hace que te reconozcas. Más limpia, más ligera. Menos triste.

Hace varios días que no creo en nada de eso. La cuesta es hacia arriba y es como si me tiraran piedras para impedirme llegar al final. Tal vez no debo llegar al final sino quedarme a mitad de camino.

Supongo que ahora estoy pasando por el moment que no surt mai a les cançons ("el momento que no sale nunca en las canciones"), como dirían de una forma genial los de Mishima.

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Hoy he recordado –debe ser a causa de los efectos malvados de Sant Jordi, de los libros deambulando por las paradas, de los amores, de los Spritz a media tarde, no sé- a alguien que me hizo creer en mí, por primera vez, el 17 de noviembre de 2005. Y ahora que lo recuerdo se me pone un nudo en la garganta. La persona que me escribió se llamaba Nuria.

Y así empecé a creer en mis textos como un cristiano que cree en su religión.

En el 2006 se publicaron un par de mis posts en el libro naranja. Y, casualidades de la vida, los textos de mi chica aparecían junto a los míos. Como amantes que se buscan, aún sin conocerse.

La publicación de aquella recopilación de chicas blogueras supuso tanto que me resulta imposible hacer un resumen de todo: presentación en la Fnac con nuestra madrina (Lucía Etxebarría), viaje loco a Madrid, otra presentación en el Hotel Axel, cenas, celebraciones. La felicidad de las chicas que ven sus escritos en un libro.

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Mi homenaje en este Sant Jordi no será para ningún escritor, ni para ninguna novela o poemario. Va a ser para mi editora favorita, mi única editora. La primera persona que apostó por mis textos.

Algo que jamás podré olvidar. Gracias, Nuria. Gracias por siempre y por todo.

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Nuria es la editora de Iguazú, Revista Artesanal de Literatura y Cultura. Fue creada en 1996 y ya cuenta con 25 números editados, gracias a una subvención de la Universidad del País Vasco. Es una revista de calidad de 80 páginas, con un cuadernillo central de 16 páginas en papel especial dedicado a fotografía, arte, pintura, poesía visual... Está abierta a todo el que quiera colaborar en ella con relatos, poemas, reseñas, crónicas, pensamientos, artículos... sobre cualquier tema cultural y social y en cualquier idioma. Es gratuita y no tiene publicidad.

Por primera vez Iguazú tiene una paradeta en St Jordi, en Barcelona. Se trata de la parada n.26 de la Rambla del Raval, que bajo el nombre "Altres Paraules" aglutina autores y proyectos alternativos.

Si estás cansado de ver los mismos libros en Pg de Gracia y alrededores, pásate a hacernos una visita. Podrás llevarte gratis el número 25 de Iguazú, que es una antología especial que recoge los mejores momentos de Iguazú entre los números 1 y 20 (entre ellos un encuentro con Mario Benedetti y una entrevista con Isabel Allende).

Además, si compras alguno de los libros de la parada (que están todos muy muy bien) te llevarás de regalo un Iguazú n.24, con el precioso dossier central de Poesía Visual.

Fecha: viernes 23 de abril de 2010
Hora: 14:00 - 20:30
Lugar: Rambla del Raval, paradeta núm. 26 - Altres Paraules


Hacedle una visita y os llevaréis una joya.

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