Intento dejar pistas pero a veces nadie las pilla, ni que hablara en francés (¿quiénes son los tipos de la foto en blanco y negro?)



El teclado del ordenador está helado. En la calle no hay nadie. Mi botellín de agua tiene hielo. No puedo beber. Ni pensar. Ni cortarme el pelo.

Llevo cuatro días intentando saber cómo funciona el termostato de la nevera. No entiendo bien el mecanismo y creo que me confundo: trato de subir los grados pero los alimentos cada vez están más congelados. Ni siquiera puedo echarle tomate al pan, se ha convertido en puro hielo.

Eso es típico en mí. No entender las cosas más simples y ser, en cambio, una experta en casos complicados.

Y hablando de casos, me siento mejor desde que dejé algunos casos aparcados. Sólo me hacían daño. Ahora, si algo me duele, que sea ese algo, no ese algo invisible.

Hace mucho frío, no me extraña porque tengo la nieve muy cerca de casa.

Y no puedo dejar de pensarla antes de irme a dormir.

"...i l'edat m'incomodava..."



Me pareció precioso ver cómo una niña de unos trece años jugaba con un balón de fútbol en una parada de autobús. La cría tenía mucho arte, mantenía la pelota en el aire todo el rato, no dejaba que tocara el suelo en ningún momento.

La dije una cosa mentalmente, pero no me oyó.

¿Por qué a veces no nos escuchan cuando enviamos mensajes mentalmente?

Imágenes que retengo tan sólo un día pero que recuerdo durante meses



La conductora del bus es muy guapa. No es que esté buena, es que es guapa. Reguapa. Me he subido al bus y era la única pasajera, pena que el trayecto tan sólo haya durado unos minutos. Sonreía al saludar a los otros conductores con los que se cruzaba en el camino, se nota que les cae bien porque le decían hola muy contentos.

Me ha dado por imaginar que conducía para mí, sólo para mí. Que el autobús me había sido reservado a mí sola, vaya privilegio. Por fantasear, que no quede. Al llegar a la parada he dicho "adéu" en voz alta y ella me ha despedido con la mano. Me hubiera gustado decirle a qué hora me podía pasar a recoger, para que me llevara también a casa.

Pero a la vuelta me he subido en un bus conducido por un tipo algo feo.

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Llevo triste desde anoche por Elena. No se me va de la cabeza. Y no sé qué hacer, no sé cómo comportarme, qué decir o qué pensar. La vida es muy injusta y me cabreo con todo lo que pienso que puede hacerle daño. No entiendo algunas cosas de este mundo. Ojalá pudiera darle lo que necesita pero al fin y al cabo soy humana y no tengo superpoderes, por mucho que a veces lo finja.

Elena, que es una reina; Elena, la grande; Elena, la más guapa del barrio. Qué sola, Elena, qué sola. Y yo me quiero estar sola a tu lado el tiempo que quieras, el tiempo que te haga falta. ¿Sabes? Conmigo no se quedaba nadie, yo siempre pensaba en la canción de los Smiths, aquella que decía que si eres tan guapa, tan lista, tan preciosa, tan tan tan...entonces, ¿cómo es que nadie se queda a tu lado? ¿cómo es que duermes sola otra noche? Y era así, me pasé mucho tiempo cuestionándome todo aquello. Yo pensaba que tal vez la culpa era mía, no sé, que lo mismo me fallaba algo, no sé, mi intolerancia, mi poco sentido de la orientación... qué sé yo.

Y dejé de pensar un día. Y me volví algo cobarde. Y pasaron muchas cosas durante aquellos años. Cosas que jamás explicaré aquí, historias que nunca contaré a nadie. Porque son sólo mías y de otras personas. Pero después de todo aquello tuve suerte. Mucha suerte.

Y una de las cosas que más fastidia oír cuando tú estás mal es que alguien te diga que todo es pasajero, que todo pasa, que al final la vida termina bien. Yo no puedo decir eso. En realidad, no puedo hacer nada. Ni bueno, ni malo. Y así me siento de impotente.

Me habría gustado cenar contigo esta noche pero trabajabas hasta tarde y tal vez no nos hubiéramos atrevido a hablar.

Todo esto tan sólo es porque al ver a la conductora rubia guapa no he podido evitar pensar en ti y desear que ella te hubiera raptado y que se te hubiera llevado a comer cerca del mar.

Y así lo que ha empezado como un post algo tonto -porque ya es viernes y estoy en la cima- ha terminado como un post escrito en mal directo. Como esas botellas lanzadas al mar. Pero a la mía se le ha metido agua y el mensaje que queda resulta ilegible.


PD: Me encanta, me encanta, me encanta. Cada vez más.

Y sí, me he hecho fan de los videoclips de Luis Cerveró.

Hoy llevaba escote y me he acordado de ti (pero el mío no es de vértigo)



El domingo por la noche nos encontramos con Lídia Pujol. Hablamos unos minutos con ella y nos despedimos saludando con la mano. Qué joven está Lídia, qué guapa, qué indie. La descubrí en uno de los mejores conciertos que puedo recordar, cuando tocaba con Sílvia Comes. Aquel recital fue sublime.

Cuando me siento mal, escucho la historia de los caracoles y todo me parece menos grave.


...ay, ay, cuando llegan ya es primavera...


(dedicado a Merche, por acompañarme todos estos años y... por descubrirme a Lídia)

Hoy me han dicho que estoy más delgada, a pesar de que me he vuelto adicta últimamente a los donuts minis rellenos de chocolate (no me culpo)



Lo que son las cosas. Me han propuesto dar dos clases justo el mismo día y a la misma hora. Una es de la asignatura de "Pistas ocultas en apartamentos de sesenta metros cuadrados" y la otra es de la asignatura "Seguimiento de esposos y esposas infieles por la ciudad". Evidentemente, no podía dejar tirado a mi jefe así que he llamado a la tipa que me había propuesto dar la otra clase para decirle que me iba a resultar imposible.

- De acuerdo, Blenk, no se preocupe, ya buscaremos una sustituta.

Me ha fastidiado bastante porque me gustaban mucho esas clases ("Seguimiento de esposos...") pero no puedo desdoblarme en dos hasta ese extremo. Me he pasado la tarde pensando en cómo sería la sustituta. La tipa me ha dejado claro que buscarían a una "ella" y no a un "él". Lo hace aposta porque todos -y digo todos- los alumnos son chicos. Una profe le da más juego, siento decirlo, pero es así y no hay más.

Nadie es imprescindible, vaya tópico más manido, ¿verdad?

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Por otro lado, anoche estuve unas dos horas dudando acerca de si debía o no apagar el ordenador de forma brusca porque se me había colgado al actualizar un software. La decisión consistía entre apretar el botón de encendido o dejarlo allí toda la noche tal y como estaba.

Y al final lo apagué cerrando un poquito los ojos.

En esta vida pasa lo mismo (ya estoy buscando paralelismos, cómo me gusta). Hay situaciones que deben apagarse así, de manera brusca, sin miedo, porque si no se hace de esa forma, sucede que te quedas parado, colgado, pero colgado de nada en concreto.

No sé, a veces escribo aquí cosas que luego me da apuro volver a pensarlas. Las escribo siempre de noche y por la mañana nunca recuerdo lo escrito. No exagero, este blog es un poco como un sueño -en ocasiones más pesadilla que sueño- porque nunca releo y tampoco entiendo muy bien qué es lo que acabo explicando.

Supongo que trato de ordenarme la mente. Y los apuntes del trabajo. Y la cafetera. Y las gafas que curan la miopía.

Jamás había deseado con tanto empeño el fin de octubre y de noviembre. Jamás.

Arriba, mi amor

Si pienso en la canción de Tachenko se me pone un nudo en la garganta y me parece tan romántica que pasaría de ir a trabajar mañana si no fuera porque de ello me depende comer y comprarte regalos.

Debería escribir algo monumental, bello, gigante y que perdurara en el tiempo.

Y sólo me sale un "arriba, mi amor". Que ni siquiera es mío.

Tal vez debería probar con una lista de deseos, pero de deseos de los buenos, de los que no hacen daño, de los que no rompen cristales si hace demasiado viento...

Una lista de deseos de detective limpia y buena...

- Quiero ir contigo a Graceland.

- Quiero aprender a cocinar de mi madre y demostrarte lo bien que lo hago yo sola luego.

- Quiero ver cómo te salen canas.

- Quiero besarte los lunes por la mañana.

- Quiero pasear contigo los domingos por la noche.

- Quiero que la chica del videoclub que nunca cierra sepa que nosotras somos las solas.

- Quiero que vengas al estreno de mi corto.

- Quiero llevarte a mi casa del sur.

- Quiero enseñarte mi caja de madera repleta de papeles.

- Quiero hacerte un mini concierto con la guitarra eléctrica.

- Quiero que hagamos una boda en Madrid, en Formentera y en Finlandia.

- Quiero que se nos desgasten juntas las maletas.

- Quiero que el lince bebé no se vaya jamás de casa.

- Quiero que nos sigamos riendo de las mismas cosas.

- Quiero que "Hey" sea la canción más sensual de los Pixies para las dos.

- Quiero que siempre cuidemos de Paola, Jimena y Flavia.

- Quiero dejarte siempre pistas felices.

- Quiero salvarte toda la vida.

- Quiero que me salves toda la vida.

- Quiero que se sigan disparando las cámaras de fotos a mi paso.

- Quiero que se sigan poniendo en rojo los semáforos a tu paso, para tener excusa y mirarte más rato .

- Quiero que te siga gustando mi música.

- Quiero que hagamos mojitos a la una de la mañana y que despertemos a los vecinos picando el hielo.

- Quiero hablar por los codos mientras suena Chet Baker.

- Quiero que la realidad no me haga caer en el lado oscuro, ya no.

- Quiero que te escapes y que no digas que te vienes conmigo.

- Quiero que me sigas leyendo cada día.

- Quiero que sigas siendo una experta en inventar platos para mí.

- Quiero que me aplaudas cuando defienda mi tesis doctoral.

- Quiero probar todas las camas de todos los hoteles de Madrid, contigo.

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Una canción para ti. Los mejores regalos, los que no cuestan dinero.

Ya sabes que tú para mí, y no hay más.

Siempre me gustó tu nombre, Paola Vaggio.

Prefiero comer a besos antes que comer a versos.


Siempre tuya,

Carol.

Tengo el teléfono de una psicóloga guapa en la agenda del móvil

Es terrible trabajar el sábado entero. Por la noche y por la mañana. Es terrible tener que trabajar todos los sábados. De todos los fines de semana.

Pequeñas quejas de una pequeña (ham) burguesa.

No la he podido convencer para que se quedara en la cama. Me ha llevado al trabajo después de desayunar juntas en un bar en el que han puesto en el hilo musical el villancico “Campana sobre campana”. Y no ha sido un espejismo.

No la he podido convencer. Con lo que me gusta irme a trabajar sabiendo que ella se queda dormida, tranquila, bien tapada. Ahora sonrío porque sé que llegará el día en que lo de convencer o no dará exactamente lo mismo.

……………………………………

He perdido un trabajo. De acuerdo, sí, era un pequeño trabajo, breve, muy breve. Pero los muy cobardes no han sido capaces de pronunciar las cuatro palabras tan desagradables: “Carol, no contamos contigo”. Tan sólo me dijeron algo así como “entre hoy y mañana te decimos algo”. Y ha pasado una semana.

Nunca he entendido a la gente que actúa sin mostrar la cara, de espaldas. No soy perfecta, ni mucho menos, pero cuando tengo que decir algo lo digo. Y si hay que actuar, pues se actúa y punto. Nadie es imprescindible, eso está claro. Vamos a dejarlo en que la culpa de todo la tiene la crisis y que lo que yo hago es sencillamente algo que no tiene tanto valor, al fin y al cabo.

……………………………………

Pues sí. Escribo en directo desde el trabajo.

Y puedo decir que es el primer día que me he dado cuenta de que se me ven canas en el pelo. Observo, acojonada, que me está saliendo un mechón de pelo blanco, día a día, sin prisa pero sin pausa. Y me está naciendo justo en el lugar en que lo tenía mi padre. Bonita herencia. Joder, bonita herencia.

En fin, es que ya son treinta y pico. Sí, queridas niñatas, treinta y pico. A ver si lo entendéis ya de una vez.

……………………………………

Cinco horas, cinco horas, cinco horas. Y en el trabajo no puedo fumar ni disparar la pistola. Los trabajos son así de estúpidos.

……………………………………

Que pase el tiempo. Que no pierda nunca la cabeza. Que tenga dinero. El justo para ir tirando pero que tenga dinero. Que no me ponga enferma, que esté fuerte para ella. Que sea capaz de salvarme y de salvarla. Que no me caiga al levantarme por las mañanas. Que no me duerma a la hora de la siesta. Que no me ponga a llorar porque he descubierto que tengo una lista de canciones de un concierto, escrita por Sergio.

Mi madre, para cabrearme, me dice que soy cristiana. Y ya no me cabrea. A veces me santiguo sin saber bien por qué lo hago. Debe ser una especie de ritual o superstición casera de esas que me gustan seguir a rajatabla.

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Cinco horas, mi vida, y te tengo conmigo. Cinco horas y dejará de dolerme el estómago, las pestañas y los labios. Cinco horas y me reencontraré más guapa y más morena. Cinco horas y seremos, de nuevo, gigantes.

Espero no volver a tropezar conmigo misma -como hace tiempo- que, si no, mal vamos (a pesar de las torturas, me salva el viernes, la semana empieza)




Al volver del trabajo (hay días en que tomo cuatro trenes y cuatro autobuses, para que luego digan que no soy ecológica porque no reciclo la basura, ja) escuchaba esa canción. Y volvía a pensar en lo buena que es. Y miraba por la ventanilla y me parecía frenética la velocidad del bus. Nos podríamos haber estrellado todos. Y la canción sonando. Seguiría sonando cuando yo tuviera la cabeza abierta y la chaqueta manchada de sangre. Ya daría igual. Nadie apagaría el reproductor. Se apagaría solo, cuando ya no le quedara batería.

O sea, que hay cosas que se apagan porque les falta batería y hay cosas que se apagan porque les ha llegado la hora.

De nuevo me disperso, no deseaba escribir nada de lo anterior. Tan solo recordar esa canción y lo bueno que era el videoclip. Algunas veces nos formamos juicios de personas o situaciones que al final están equivocados. Que todo lo negro es negro y que todo lo blanco es blanco.

Pero las señoritas también escupen.

Si un día perdiera la cebeza supongo que uno de mis primeros delirios consistiría en hacerme adicta al Baileys

Entro en un Caprabo y me gasto 11,99 euros en una botella de Baileys. Subo a casa y me preparo una copa en vaso largo con cuatro cubitos de hielo. Me enciendo un pitillo y me tomo la copa un poco angustiada, intentando mantenerme serena pero sabiendo que me pasaría toda la tarde allí bebiendo sola. Escuchándome a mí misma.

Y no estoy mal, mis queridos enemigos, no estoy mal.

Es sólo que a veces una necesita invitarse a beber para olvidarse de quién es y qué hace en el mundo. Y he pensado en toda la gente buena que conozco. Pero también en toda la mala.

Casi media hora de pensamientos y divisiones entre dos. Así han llegado las cinco y pico y me he ido a coger el tren. Y allí, lo de siempre:

- Los imbéciles de turno leyendo el libro del niño del pijama a rayas (lo que deberían hacer es leer el diario de Ana Frank, joder, que eso sí que es espeluznante)

- Los ejecutivos de turno alardeando del último modelo de nokia, ipod, iphone, ibook, idiota, y yo qué sé qué. A ver, que yo soy la primera consumista, no lo niego, pero no voy con esa pose estirada, triunfadora de la vida, que mira por encima del hombro a todo ser humano que lleve unas converse sucias como las alcantarillas.

- Las pijas catalufas que van de catalufas y hacen más faltas de ortografía que pelos tengo en la cabeza. Qué gracia me hacen las muy tontas, defendiendo a su patria y la mayoría no son ni de Catalunya. Y luego chillan por la independencia y chillan haciendo faltas de ortografía. Me río en vuestra cara. Me río porque yo sí he nacido aquí y por lo menos tengo el nivel C de catalán y media carrera aprobada de Filología Catalana. Hombre, que ya está bien, tanto desprecio, tanto desprecio.

- Los que llevan una camiseta del tipo "no a las corridas de toros, sí a los castellers". Sí, esos que critican las corridas de toros y luego ponen a sus hijos a hacer de castellers. Juas, sí, esos críos que hacen de anxaneta y ponen en peligro su vida. Ah, no, perdón, que ahora se ponen casco, es cierto, que seguro que existe ya una ley -impulsada por la Generalitat, cómo no- que multa a los respetables padres que no les ponen el casco a su hijo/a para que no muera desnucado.

- Los que escuchan Antònia Font porque queda bien y se piensan que dismulan al hortera (o a la hortera) que llevan en su interior.

- Los que van de profesores aplicados y volcadísimos en su profesión. Que darían su vida por los nuevos planes de estudio, para que ya no se hable de "asignaturas", ni de "clase magistral" sino de "aprendizaje", "módulos", etc.

Aparte de esto, el tren me resulta de lo más entretenido.

Supongo que aún me dura el efecto de la copa.

Últimamente, sólo me hacen llorar las cosas buenas. Como las canciones de Maria del mar Bonet.

PD: Por cierto (es que hoy me apetece hablar, mira tú por dónde, el otro día vi un fragmento en la tele del Mercat de Música Viva de Vic y casi me da una úlcera: un grupillo hacía una versión de Què volen aquesta gent? (siento enlazar esta versión en rollo peruana, que no me gusta, pero es la única que he encontrado) en plan rumba catalana. Los habría metido en la cárcel directamente. Una obra maestra como esa canción cantada en plan jolgorio y con ese tonillo tan terrible que tiene la rumba catalana. Ufff, si por mí fuera la prohibía. Espero que Maria del Mar no llegue a escuchar jamás esa desgracia de canción.)

Que octubre y noviembre se disuelvan rápido, tan rápido que no me de ni tiempo de lavarme los dientes



Mi madre me enseñó una planta nueva que tenía en la terraza. Plantó un hueso de níspero y de ahí le nació. Siempre digo que tiene muy buena mano con las plantas, nunca se le mueren. Le crecen, le crecen, le crecen... y cuando ya no pueden crecer más -el espacio no es infinito- las tiene que serrar. ¿En qué contenedor se echan las ramas y las hojas de las plantas?, le pregunto. Pues no lo sé, la verdad, no lo sé. Al vidrio, no; al papel, tampoco... Déjalo, hija, mejor no reciclamos, total, en unos años todos muertos y me importa poco lo que pase con el planeta.

Se enciende un cigarrilo y me deja sola mirando la planta.

Me ha contado que el hueso es de un níspero que Laura me regaló para ella. A mí no me gustan así que ella se lo comió encantada. Pienso que aquel níspero salió del jardín de Laura, pasó por la boca de mi madre, por su cuerpo, y después se sembró en su terraza.

Ahora mi madre tiene un níspero.

Siempre me han parecido asombrosas las historias de cómo las semillas crecen en un lugar y luego en otro y luego en otro y luego en otro...

Qué misterioso me parece a veces todo.

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